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Oct 13

Pecadores: la puerta del infierno se abre en Barcelona

NANI F. CORES

  • Una exposición en la Fundación Mapfre disecciona, paso a poco, el proceso de creación de ‘La puerta del infierno’ de Auguste Rodin.
  • Un recorrido a través de 150 piezas, entre ellas, 30 dibujos que pocas veces han podido ser admirados en público.

Tímpano de La puerta del infierno, 1888-1889

Esta es la historia de una obra de arte cuya creación se prolongó durante casi 40 años. Un encargo que llegó a convertirse en una obsesión para su autor, el escultor francés Auguste Rodin, y que a la vez le situó en el olimpo de los artistas inmortales. Un encargo que nunca llegó a materializarse del todo pero que, precisamente, por este carácter inacabado, se fue retroalimentando y evolucionando hasta alcanzar el estatus de icono.

Hablamos de La puerta del infierno, a la que ahora la Fundación Mapfre de Barcelona dedica una exposición (abierta al público hasta el próximo 21 de enero de 2018) en la que disecciona paso a paso la creación de una de las obras cumbre de la escultura del siglo XX. Un recorrido a través de 150 piezas, entre ellas, 30 dibujos que pocas veces han podido ser admirados en público y numerosas esculturas restauradas para la ocasión. La mayoría de ellas proceden de la nutrida colección del Musée Rodin de París y dos, de colecciones particulares.

“La puerta del infierno contiene toda la dramaturgia de la obra de Rodin, es la historia de muchas obras, de figuras que transformó una y otra vez, que combinó en distintos grupos. Es una obra monumental y muy compleja, una meditación moderna que reformula el destino humano”, explica Catherine Chevillot, la directora del Musée Rodin, que coproduce la exposición.

Pero volvamos al principio de esta historia. En 1880, cuando el escultor contaba con 40 años, recibe el encargo del Estado francés para construir una puerta decorativa. Rodin estaba lejos de ser el mito que hoy conocemos, de hecho, poco antes de este encargo había batallado con el famoso Salón de París para exponer su primera gran escultura: La edad de bronce (se le llegó a acusar de haberla realizado a partir de un vaciado natural). Así que Rodin vio la oportunidad de demostrar, por fin, toda su valía.

De la ‘Divina comedia’ a ‘Las flores del mal’

La idea original del Estado era que esta puerta se destinase a ser la fachada de un museo de artes decorativas en París, siguiendo el ejemplo del South Kensington Museum de Londres (actual Victoria and Albert Museum). El encargo en si era discreto pero acabaría por convertirse en el más grande de su carrera y el que le acompañaría hasta el día de su muerte, 37 años después.

En un principio Rodin se inspira esencialmente en la Divina comedia de Dante Alighieri. Muchos dibujos y varias esculturas representan escenas que pueden relacionarse directamente con ciertos pasajes del Infierno, la primera parte del libro. Pero Rodin nunca hace una interpretación literal sino sutil. La puerta es, en definitiva, un reflejo de los pecados y sus distintos castigos, de los sufrimientos que los seres humanos se causan y las distintas pasiones que pueden llegar a atormentarnos.

Tras cinco años de trabajo, la obra se revoluciona y sufre una profunda transformación debido a otra fuente de inspiración: Las flores del mal de Baudelaire. Es entonces cuando en los grupos escultóricos de la puerta se añaden temas como la sensualidad, el amor fatal y la tentación.

Al principio la puerta seguía una lógica muy clara, pero en el momento de la lectura de Baudelaire se desestructura. Rodin cambió las figuras de sitio, desenlazándolas en un caos de personajes que se funden. La definición de escultura líquida expresa bien su estética. Rodin nunca da por terminada una obra, siempre sigue añadiendo modificaciones y completándolas”, señala Chevillot.

Uno de los valores añadidos de esta composición escultórica se relaciona directamente con que sirvió como ‘campo de abono’ para obras posteriores de Rodin. Los numerosos grupos de figuras de condenados a las puertas de este infierno creados por el escultor serán reutilizadas hasta el final de su carrera. De hecho, muchas de sus obras más conocidas tienen su origen en este proyecto: El pensador (que se asocia a la figura del propio Dante), El beso (que narra la trágica historia de amor prohibido  entre Paolo Malatesta y Francesca da Rímini) o Ugolino (tirano de Pisa condenado por haber traicionado a su ciudad).

El proyecto del museo fue abandonado en 1889 y Rodin se quedó sin financiación para fundir en bronce la puerta de seis metros. En 1898 el escultor se decide por fin a montar su obra maestra, con la intención de exponerla en una gran retrospectiva de su obra que preparaba coincidiendo con la Exposición Universal de 1900. Pero lo que expone al final es una extraña Puerta del Infierno despojada de las figuras y los grupos que deberían poblar su superficie y que dejó desconcertados a la mayoría. Ésta serviría de referencia para los ejemplares fundidos en bronce después de la muerte del artista.

Source: 20′ Cultura

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