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Abr 15

Guillermo del Toro: "El verdadero director es aquel que puede orquestar un accidente"

NOELIA MURILLO

GUILLERMO DEL TORO.

Antonio Trashorras, autor del libro Del Toro por Del Toro, supo definir muy bien la personalidad y la profesionalidad del director mexicano Guillermo del Toro sobre el que se centra ese libro: es aquel cineasta que sabe contar historias a través de la pantalla y a través de sus palabras.

Lo demuestra en actos, conferencias o clases magistrales como la que ha impartido este sábado en el Palacio de Ferias y Congresos de Málaga, donde durante algo más de hora y media ha tenido oportunidad de desgranar un poco más su cine y su manera de entenderlo.

Comenzando desde los inicios del medio, con el cine mudo y las películas musicales de los años 30, que llegó a definir como “el puro cine en cuanto a movimiento, luz, color y canto”, el director hizo un recorrido entre las características fundamentales de una buena historia, que va mucho más allá del diálogo entre sus personajes. “Ahora nos quedamos con el discurso del guion. Es como hablar de una pintura en términos exclusivamente temáticos”, ha comentado el director, quien durante su ponencia, en un diálogo con Trashorras, ha hecho referencia a grandes clásicos del cine como Vértigo, de Alfred Hitchcock, o 2001: Odisea en el espacio, de Stanley Kubrick; unos trabajos que recogen gran parte de la esencia del cine.

“El cine no es química, es alquimia. No es una suma de cifras, es una multiplicación de símbolos”, ha añadido Del Toro en lo referente a que todo tiene una razón de ser en cada película, partiendo de la dificultad de encontrar un porqué para cada elemento. Tal es su importancia para comprender la profundidad de la historia que el director considera que es necesaria la biografía de cada personaje en ocho páginas, incluyendo sus secretos, sus miedos o sus ambiciones, entre otros muchos detalles.

Los detalles de una gran película

Entre algunos de los fundamentos o reglas que se deben seguir en esa escritura, está el de “no escribir nada que no sea comprobable visualmente” con el objetivo de tener el menor número de accidentes posibles.

Porque sí, en eso ha querido hacer hincapié el director, en aquellos momentos que salen de manera distinta a lo previsto o, directamente, no salen. “La gente cree que el director tiene control absoluto de todo, pero no. El verdadero director es quien puede orquestar un accidente”, ha reconocido el realizador, que se ha recordado dos anécdotas de los dos protagonistas de su último y premiado trabajo (incluido el Oscar al mejor director), La forma del agua: el momento en el que se enteró de que Sally Hawkins tenía miedo a las alturas y en el que supo que Michael Shannon no sabía conducir. “Nunca se le ocurrió decirme que no manejaba”, ha comentado entre las risas del público, muy entregado durante la ponencia, a los que ha reconocido que su “trabajo como director es que eso no se note”.

Su método de preparación es sencillo: conocer desde el principio por dónde viene la luz en cada escena y cuáles serán los colores que le acompañen, así como los detalles que la harán ser recordada, inspirados en la vida misma y en los aspectos que parecen menos interesantes en un principio. “El director recoge cosas inútiles para contar una historia e, incluso, puede mentir en todo a través de coartadas que hacen que te creas la historia”, ha puntualizado.

Fantasía y realidad

Algunas de las cuestiones planteadas por el autor de Del Toro por Del Toro se han centrado en otras dos de las esencias atribuidas al director: su capacidad para crear personajes reales, que buscan cierta aceptación, y la creación de mundos fantásticos propios, una acción temiblemente asociada a la posibilidad de hacer el ridículo en una historia.

Pero eso no parece importarle al director, que prefiere recibir pocas y buenas críticas constructivas que críticas masivas y superficiales. “Lo hermoso es la profundidad del contacto, no la cantidad del mismo”, ha sostenido.

Porque, ¿y qué si a alguien no le interesa su historia? ¿Qué importancia tiene? Para el realizador, ninguna. Seguirá adelante con su trabajo, trazando caminos a su manera y recorriéndolos bajo su originalidad y aclamado punto de vista pero, sobre todo, evitando cualquier atadura comercial  o limitaciones creativas. “Lo más triste en este mundo es un director de cine domesticado”, ha concluido Del Toro, cuyo aplauso y ovación de despedida ha sido más fuerte y celebrado que el del principio. Quizá se deba a la claridad con la que ha hablado, como bien apuntaba Trashorras al inicio. Avisados estábamos.

Source: 20′ Cultura

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