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Feb 14

El Museo Picasso convierte en realidad los sueños de Federico Fellini

NANI F. CORES

  • Entre 1962 y 1980 el realizador italiano plasmó en su ‘Libro de los Sueños’ cuatro encuentros oníricos con el pintor Pablo Picasso.
  • La exposición ‘Y Fellini soñó con Picasso’ reúne varios trabajos de los artistas para mostrar las numerosas conexiones que existieron entre ambos.

Federico Fellini durante el rodaje de 'La dolce vita', 1960

A partir de los años 60, coincidiendo en el tiempo con el estreno de una de sus grandes obras maestras, Ocho y medio (1963), Federico Fellini (1920-1993) recibía un encargo de su psicoanalista Ernst Bernhardt (discípulo de Carl Jung). El terapeuta le recomendaba que apuntase en un cuaderno todos sus sueños y el director italiano, que había sido siempre un amante del dibujo, decidió seguir sus instrucciones y plasmar en un cuaderno sus experiencias oníricas.

“Siempre he dibujado sobre cualquier trozo de papel que me encontraba. Es una especie de reflejo condicionado, un gesto automático, una manía que llevo conmigo desde siempre”, diría el realizador de esta costumbre. De hecho, esta faceta como dibujante le permitió subsistir y hacerse un nombre en la prensa italiana después de la segunda Guerra Mundial y antes de dar el paso al séptimo arte.

Noche a noche y dibujo a dibujo, Fellini construyó lo que luego se conocería como Libro de los Sueños (hace unos diez años la editorial Rizzoli los recopiló y editó en dos volúmenes bajo el título The book of Dreams) y daría pie a un diario personal en el que aparecen la mayoría de los temas recurrentes de su cine: las mujeres y lo erótico, su ciudad natal Rímini, su infancia, las pesadillas, lo surrealista, el padre… Y su cine, al mismo tiempo, se impregnaría también a partir de esa época de un carácter más surrealista e inconsciente (basta con revisitar filmes como Julieta de los espíritus, Satyricon, Amarcord o Y la nave va).

En este especialísimo libro de sueños también aparece en cuatro ocasiones uno de los artistas más importantes del siglo XX: Pablo Picasso. La primera de ellas está fechada el 22 de enero de 1962, y en esta ocasión Fellini y su esposa, la actriz Giulietta Masina, visitan la casa del pintor y comparten cena con él. “Estábamos en una cocina, una enorme cocina repleta de comida, de cuadros, de colores… Hablamos toda la noche”, escribiría el director.

Cinco años más tarde, en 1967 el encuentro entre ambos genios se repite: “Toda la noche con Picasso, que me hablaba, me hablaba… Éramos muy amigos, me mostraba un gran cariño, como un hermano mayor, un padre artístico, un colega que me coloca a su altura…”. Al año siguiente hay un nuevo sueño, Fellini no lo dibuja pero sí redacta un texto en relación a una falsa noticia sobre la muerte del pintor malagueño. Por último, en 1980 el italiano describe su última reunión onírica: “Sueño con Picasso (un poco desmejorado, consumido, pero todavía muy vital), que me habla sin parar”.

Obsesiones comunes

Estos encuentros fugaces y nocturnos son el punto de partida de la exposición Y Fellini soñó con Picasso, que acaba de inaugurarse en el Museo Picasso Málaga y tiene como objetivo establecer un diálogo entre ambos genios y poner sobre la mesa obsesiones comunes.

Para ello, se han reunido una selección de dibujos, películas, fotografías y otros documentos del director de La dolce vita junto a pinturas, esculturas, dibujos y obra gráfica de Pablo Picasso. El recorrido comienza por los dibujos de ese Libro de los Sueños donde “Picasso siempre aparecía como un amigo y colega fraternal, como una persona adulta, pero Fellini nunca se sentía al mismo nivel, le veía como el dimiurgo, el creador y el maestro”, explica la comisaria de la muestra Audrey Norcia.

Y continúa con otras conexiones: la via Margutta de Roma (calle en la que ambos vivieron en distintos momentos de sus vidas); su pasión por la antigüedad clásica, los vestigios griegos y romanos habitados por personajes mitológicos; o el circo, ese universo donde “el humor, la mentira y la transformación se personifican en acróbatas, arlequines y pulcinellas”.

Mención aparte, requiere la obsesión de ambos autores por la mujer. Fellini “no deja de mirarla con ojos de niño, con fascinación, y con la mujer como dominadora”, dice Norcia. Mientras que en Picasso “la figura masculina, el minotauro, es el dominador”. Sea como sea, para ambos son figuras divinas, sublimes, temperamentales y sensuales.

Fellini y la pintura, Picasso y el cine

La relación de Fellini con la pintura y de Picasso con el cine también es analizada. El italiano confesó en varias ocasiones su deseo de que sus películas fueran a su manera una pintura. “Para mí el cine es imagen y la luz su factor fundamental. Lo he dicho muchas veces: en el cine la luz es ideología, sentimiento, color, tono, profundidad, atmósfera, narración”.

Por su parte, en 1950 Picasso experimenta con el cine dirigiendo junto a Frédéric Rossif la película La mort de Charlotte Corday (cinta que nunca llegó a comercializarse) y convirtiéndose en protagonista de La corrida de Picasso (1951) de Robert Picault, Picasso (1955) de Luciano Emmer y Le Mystère Picasso (1956) de H.G. Clouzot.

Rizando el rizo, el Museo Picasso recrea una sala de cine en donde se exhibirá hasta el fin de la exposición el próximo 13 de mayo una película de 22 minutos dirigida por Isaki Lacuesta, que ha realizado insertando fragmentos de películas de Fellini y con la voz en off de la actriz Emma Suárez. Tras su paso por Málaga, la exposición pasará a La Cinémathèque Française, que también la ha coproducido.

Federico Fellini (1920 – 1993). Nino Rota tocando el violín

Source: 20′ Cultura

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