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Feb 10

El Museo de Arte Abstracto de Cuenca rinde homenaje a uno de sus 'padres': Eusebio Sempere

NANI F. CORES

  • Considerado el precursor del arte cinético en España y uno de los máximos representantes de la abstracción geométrica.
  • También fue pionero en nuestro país de la técnica de la serigrafía, que introdujo en la década de los 60.
  • Junto a sus colegas Fernando Zóbel, Gustavo Torner y Gerardo Rueda se convirtió en uno de los impulsores del museo conquense.

Eusebio Sempere. Sin título, s.f.

Cuando en 1985 el artista Eusebio Sempere fallecía en su pueblo natal Onil, tras varios años aquejado de una hemiplejía que le había impedido pintar en esta última etapa de su vida, el pintor Joan Josep Tharrats aseguraba que “algunas de sus ideas que a muchos les parecían sorprendentes hace años, mantienen hoy su poderosa vigencia”. Y así sigue siendo todavía a día de hoy, pasadas más de tres décadas de su desaparición.

Sempere, que atribuyó siempre a un defecto en su ojo derecho que arrastraba desde la infancia el carácter plano de su pintura, fue considerado el precursor del arte cinético en España y uno de los máximos representantes de la abstracción geométrica de este país. Este salto a la abstracción lo daría, curiosamente, al otro lado de la frontera, asentado en París donde residiría entre 1948 y 1960 y donde entablaría amistad con otros artistas españoles como Eduardo Chillida o Pablo Palazuelo.

De vuelta a España formaría parte del grupo Parpalló en Valencia, arrancaría por fin su reconocimiento a nivel nacional e internacional, viajaría en dos ocasiones a Estados Unidos donde completaría su formación y conocería al maestro Josef Albers; y daría inicio a una de las etapas más importantes de su vida, al comprarse una casa en Cuenca e involucrarse junto con colegas como Fernando Zóbel, Gustavo Torner y Gerardo Rueda en la puesta en marcha del Museo de Arte Abstracto Español de la ciudad, inaugurado en 1966.

Precisamente, ese museo que vio nacer le rinde ahora homenaje con la exposición Eusebio Sempere en la colección de la Fundación Juan March, que recorre la práctica totalidad de las obras del artista presentes en esta colección. La muestra comienza con una pequeña selección de retratos figurativos realizados hacia el final de su etapa de estudios en Valencia, justo antes de su marcha a París a finales de la década de los 40.

Se incluyen también ejemplos de su primera fase de estudios abstractos realizados a partir de 1953, en gouache sobre cartulina, y también se percibe su progresivo desarrollo a partir de formas geométricas simples, que se integran en composiciones más complejas, en parte superponiéndose o adquiriendo volumen. La mayoría de las obras, sin embargo, pertenecen a la época posterior a su regreso de París, en los años sesenta y sobre todo a la de los años setenta.

Sin duda, uno de los mayores encantos de la exposición será apreciar sus trabajos en el ámbito de la serigrafía, técnica que aprendió durante su estancia en París en el taller del cubano Wilfredo Arcay y de la que llegó a ser maestro y pionero en España en la década de los sesenta junto a su amigo y colaborador Abel Martín. De esta técnica pueden verse algunos de sus mejores ejemplos como Las cuatro estaciones (1965) o Nayar (1967).

Source: 20′ Cultura

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