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Abr 20

Crítica de 'Isla de perros': una delicia artística y nada convencional, salvo en el tratamiento de algunos personajes femeninos

MELISA TUYA

  • El mejor ‘stop motion’ al servicio de la creatividad visión de Wes Anderson, se estrena este viernes 20 de abril.
  • Gustará a los que sepan dejarse llevar, los que gusten de recorrer  rutas cinematográficas poco transitadas.

'Isla de perros'

El argumento es un tanto marciano: en una gran ciudad llamada Megasaki, una enfermedad contagiosa que afecta a los perros impulsa al corrupto alcalde a ignorar tanto a los científicos como a los amantes de los animales y evacuar a todos los perros y concentrarlos en una pequeña isla empleada tradicionalmente como vertedero. El primero de los animales allí enviado, para dar ejemplo, es el perro de Atari Kobayashi, el pupilo del alcalde. Un niño que se negará a perder a su fiel amigo y acudirá a la isla con intención de recuperarlo, encontrando allí a la manada del desconfiado y callejero Chief y del noble y entusiasta Rex y el arranque de sus aventuras.

Artísticamente es una propuesta impecable. Casi hora y media de la mejor stop-motion, que conjuga magistralmente tecnología y técnicas artesanales creando toda serie de imágenes únicas, escenas que igual son exquisitas que extravagantes, delicadas y bizarras. La reconocible voz propia del director tejano, uno de los autores de cine actuales con más personalidad, casa magníficamente con esta técnica de animación.

Y como no podía ser de otra manera, Isla de perros es ‘un Wes Anderson’ con todo lo que ello implica. El inclasificable director de Los Tenenbaums, El gran hotel Budapest o Moonrise Kingdom tiene un estilo tan particular, tan poco convencional, que igual puede encandilar al espectador como generar rechazo y desconcierto. Isla de perros no es una excepción. Se trata de un inolvidable mejunje entre la distopía y el surrealismo con científicos buenos, políticos malos, mucho Japón, niños con una misión y conspiraciones maquiavélicas.

Una película que no es apta para todo el mundo, que desde luego no es apta para niños pequeños por mucha animación con perritos que sea. Hay complejidad y violencia. 

La disfrutarán aquellos que sepan relajarse y dejarse llevar, los amantes de las apuestas valientes, del choque mental y de las estéticas que van más allá. Tal vez también los amantes de los perros, porque los canes de Wes Anderson tienen más dignidad que cualquiera de los seres humanos que comparten metraje con ellos, que con pocas excepciones son seres grises, cuando no directamente malvados y carentes del todo de empatía.

Aunque en realidad no son perros. Ni siquiera son perros capaces de hablar entre ellos y extremadamente inteligentes y sensibles, que es algo incluso fácil de ver en el cine. Son una panda de tipos duros con el corazón de oro sobreviviendo en un ambiente difícil y violento. Podrían perfectamente ser samuráis de Kurosawa, en los que Anderson reconoce haberse inspirado, recios y bondadosos cowboys de John Ford o Howard Hawks, o gastados y honorables protagonistas del cine negro clásico.

Es una película notable, sobre todo por su originalidad y las reflexiones que invita a desarrollar, pero no es una película redonda, una que deslumbre. El ritmo es irregular, deja la sensación de cierto exceso de metraje sobre todo en su segunda mitad, pero sobre todo chirría el tratamiento de la presencia femenina (humana y perruna), que es escasa y tiende al estereotipo, sobre todo con las dos perras comparsas y la ayudante del buen científico. Solo se salva la niña de la historia, la voluntariosa Tracy Walker.

Como todas las películas del director, el espectador intuye que la pandilla responsable de crearla ha disfrutado más haciéndola que él viéndola, por mucho que le haya gustado. Los coguionistas son Kunichi Nomura, Roman Coppola y Jason Schwartzman y apabulla recorrer el listado con los nombres que han prestado voz a adultos, niños y perros:  con el inevitable Edward Norton, pero también Bryan Cranston, Bill Murray, Jeff Goldblum, Harvey Keitel, Frances McDormand, Tilda Swinton y la impresionante voz, digna del mejor cine negro, de Scarlett Johansson. Acudir a la versión original, abundante de japonés, es especialmente recomendable en este caso. 

Source: 20′ Cultura

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