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Oct 11

Carlos Zanón: "Hay un momento en el que tienes que elegir, lo imperdonable es no hacer nada"

PAULA ARENAS

  • “Lo que no me atrevo a sufrir en la vida lo escribo”, dice el escritor que acaba de publicar ‘Taxi’ (Salamandra).
  • Ha cambiado de sello, para que dejaran de encasillarlo en el género negro.

Carlos Zanón

“No era mi vocación, pero es la verdad: he trabajado de abogado desde 1993. Nunca creí que llegaría a terminar la carrera, estaba convencido de que podría vivir de la escritura antes de acabarla”. Recién publicada su novela, Taxi (Salamandra), su trabajo más monumental, Carlos Zanón (Barcelona, 1966) nos muestra su honestidad fuera de su obra.

En ellas, tanto en sus libros de poemas, el último: Banco de sangre (Espasa, 2017), como en su prosa, desde la primera, –Nadie ama a un hombre bueno (Quadrivium, 2008)–, la más salvaje sinceridad artística es uno de los más potentes sellos de su obra y sus palabras. Un compromiso que no decae por años que pasen, que han pasado unos cuantos. Una manera de no estar nunca de vuelta y menos aún de tener certezas.

Aunque alguna certeza debía de tener cuando pudo aguantar 20 años llamando, escribiendo y enviando textos a editoriales que se negaban a publicar su narrativa, porque ese fue el tiempo que tardó en que le hicieran caso como novelista. Luego ya vinieron seguidas: Tarde, mal y nunca (RBA), No llames a casa (RBA, 2012), Yo fui Johnny Thunders (RBA, 2014), Marley estaba muerto (RBA, 2015) y la recién estrenada Taxi (Salamandra, 2017). Igual que las ofertas: es el nuevo comisario de BCNegra y quien resucitará a Carvalho en una nueva entrega, con toda la carga que supone dar continuidad al personaje de Vázquez Montalbán.

La poesía de Zanón corrió, al revés que su prosa, mejor fortuna desde el principio, aunque no le ha dado nunca de comer: a los 22 años publicaba El sabor de tu boca borracha.

“Ya tenía los temas que siguen hoy: incomunicación en general y también de los cuerpos, la búsqueda del amor…”, dice mientras sus ojos muestran que, a sus 51 años, sigue buscando lo mismo, búsqueda universal y el motivo de su literatura: pasión.

En Taxi está esa mirada en Sandino, el taxista que protagoniza esta novela, que no es negra, por mucho que haya venido bien situar al autor en la estantería del género criminal. Taxi es existencialista por encima de todo. Y aunque para algunos la desesperanza cubra al taxista, Zanón esgrime réplica: “Tiene esperanza, aunque creas que no”. Y añade: “Además sabe que hay un momento en la vida en el que tienes que elegir. Lo imperdonable es no hacer nada”.

Sin embargo Sandino deja que se vaya la mujer –y hay varias con las que se acuesta, flirtea, se droga, bebe y rebusca–, la que de verdad quiere y ama, y eso es no hacer nada: “En la vida no la habría dejado ir”, dice. Y añade sonrísa aunque con nostalgia. Una especie de nube, que tarda poco en ser palabra: “Lo que no me atrevo a sufrir en la vida lo escribo. Y si lo escribo, aunque no acabe de entenderlo o entenderme, me explico”.

Carlos, que ha trabajado de mil cosas –desde camarero hasta haciendo los dorados de los libros de comuniones y biblias en una imprenta-, no es del todo consciente de que Taxi es su gran obra, pero sí que ha dedicado tres años de su vida y ha puesto todo su talento y trabajo al servicio de Sandino y el resto de personajes que viven en Barcelona. Pero igual que no es una novela negra, no es que sea taxista el asunto central ni Barcelona lo principal. La pasión, la búsqueda incesante de la misma y el amor, es la clave, el motor y el corazón de una obra que te destroza al tiempo que abre huecos para la cura.

Source: 20′ Cultura

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